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    ¿Por qué el agua de una piscina se vuelve turbia?

    ¿Por qué el agua de una piscina se vuelve turbia?

    Un agua que pierde su transparencia puede adquirir un tinte parduzco, verdoso o grisáceo. Este cambio visual no es solo estético: a menudo revela un desequilibrio del medio acuático. En un estanque ornamental, una balsa agrícola, una charca o una estructura de gestión de aguas pluviales, la opacidad puede tener varios orígenes que a veces se acumulan. Identificar la causa permite actuar con precisión, sin recurrir a soluciones inadecuadas.

    Antes de cualquier intervención, hay que observar el color del agua, su olor, la presencia de algas, el estado de las orillas y la actividad de los peces. Un agua marrón no se trata igual que un agua verde. Del mismo modo, un fenómeno puntual tras fuertes lluvias no requiere la misma respuesta que un velo persistente en la columna de agua.

    Las partículas finas, primera causa de opacidad

    La causa más común es la presencia de elementos minerales u orgánicos muy pequeños que permanecen dispersos en el agua. Arcilla, limo, polvo, restos vegetales y sedimentos pueden formar una nube duradera, especialmente cuando las partículas son demasiado ligeras para depositarse rápidamente en el fondo. El agua entonces parece marrón o grisácea, con una visibilidad muy reducida.

    Las lluvias intensas favorecen este fenómeno. Arrastran la tierra de los taludes, de los caminos cercanos o de las parcelas agrícolas hacia el cuerpo de agua. Una escorrentía cargada también puede aportar hojas, residuos orgánicos y diversos aportes externos. En las cuencas de tormenta y de decantación, esta llegada repentina de partículas forma parte del funcionamiento normal, pero puede volverse problemática cuando los depósitos se acumulan demasiado rápido.

    El papel de las orillas y del fondo

    Las orillas frágiles, poco vegetadas o pisoteadas liberan fácilmente tierra en el agua. El viento, las olas y las variaciones de nivel vuelven a poner en movimiento estos elementos. Un fondo cargado de lodo también puede ser removido por peces excavadores, aves acuáticas o una entrada de agua enérgica. La prevención pasa, por tanto, por una estabilización duradera de las zonas sensibles y por la limitación de las entradas de tierra.

    Cuando el envasamiento es importante, los depósitos constituyen una reserva de nutrientes. Favorecen entonces otros desequilibrios, en particular las proliferaciones vegetales y las algas. Un enfoque global es preferible: reducir los aportes desde el exterior, limitar la agitación del fondo y evaluar la necesidad de un tratamiento de los sedimentos.

    Una agua verde a menudo señala un desarrollo de algas

    Una coloración verde, a veces acompañada de un olor marcado, está frecuentemente relacionada con una multiplicación de algas microscópicas. Estos organismos se desarrollan cuando la luz, el calor y los nutrientes se encuentran en cantidad suficiente. Los aportes de fósforo y nitrógeno provenientes de las hojas en descomposición, de los fertilizantes, de los efluentes o de ciertos vertidos pueden acelerar el fenómeno. El resultado es una densidad excesiva de microorganismos vegetales.

    Este desequilibrio puede variar muy rápidamente. En tiempo cálido y soleado, el agua se vuelve verde en pocos días. Por la noche, las algas consumen oxígeno, al igual que lo hacen durante su descomposición. Una disminución del oxígeno disponible debilita a los peces y a otras especies presentes. Para comprender mejor las acciones posibles, es útil consultar este artículo sobre el aumento del oxígeno disuelto en un estanque.

    No basta con retirar las algas visibles para solucionar el problema. Hay que buscar qué las alimenta y restablecer un funcionamiento más estable del medio. La reducción de nutrientes, la gestión de la vegetación muerta y el control del envasamiento contribuyen a una mejora sostenible del equilibrio biológico.

    Las plantas invasoras y los desechos orgánicos

    Las plantas acuáticas desempeñan un papel útil cuando están presentes en cantidades razonables. Ofrecen refugio, filtran parte de los aportes y participan en los intercambios naturales. Por el contrario, algunas especies colonizan rápidamente la superficie o las orillas. Su crecimiento limita la circulación del agua y produce mucha biomasa que, al degradarse, enriquece el fondo.

    Esta acumulación favorece la aparición de zonas cargadas de escombros, a veces acompañadas de una coloración oscura. La lucha contra este fenómeno requiere un método adaptado a la especie en cuestión y al tipo de obra. TASO interviene especialmente en estos desórdenes y propone soluciones respetuosas con los ecosistemas. Descubra pistas útiles para controlar las plantas acuáticas invasoras sin desequilibrar aún más el estanque.

    Una circulación insuficiente o mal diseñada

    En una cuenca poco profunda, sin suficiente renovación o expuesta a un calor intenso, el agua puede estancarse. Las zonas muertas acumulan entonces depósitos y materia orgánica. Por el contrario, una entrada de agua demasiado potente puede levantar el fondo y mantener las partículas dispersas. Por lo tanto, es esencial adaptar los equipos al volumen de la cuenca, a su profundidad y a su uso.

    Los dispositivos de bombeo merecen especial atención. Un filtro obstruido reduce el caudal, mientras que una aspiración mal colocada puede remover los sedimentos. Un mantenimiento regular contribuye a mantener una circulación de agua más homogénea. Hay consejos adicionales disponibles para prevenir la obstrucción de los filtros de aspiración.

    ¿Cómo determinar el origen del problema?

    Una observación metódica evita tratamientos innecesarios. Es útil anotar la fecha de aparición del fenómeno, los episodios de lluvia, los trabajos realizados en las proximidades, el color del agua y el estado de la vegetación. Si la opacidad aparece justo después de una tormenta, es probable que la escorrentía esté implicada. Si aumenta con el calor, una proliferación de algas o una descomposición orgánica pueden ser la causa.

    • Un tono marrón o gris a menudo evoca tierra, limos o depósitos en movimiento.
    • Un color verde apunta más hacia una fuerte presencia de algas microscópicas.
    • Un agua negra y maloliente puede indicar una degradación importante de la materia orgánica en el fondo.
    • Una opacidad localizada cerca de las orillas sugiere un problema de erosión, pisoteo o escorrentía.

    Recuperar un agua más clara a largo plazo

    La mejor estrategia consiste en tratar la causa en lugar del síntoma. Proteger las orillas, limitar los aportes de nutrientes, retirar la vegetación excedente y vigilar el envasamiento son acciones complementarias. Para los lagos, estanques, embalses de riego, balsas de retención o embalses de montaña, el diagnóstico debe tener en cuenta los usos y las limitaciones propias del sitio.

    Un agua clara no es necesariamente agua sana, pero una opacidad persistente siempre merece un análisis. Interviniendo a tiempo, es posible restaurar una mayor estabilidad ecológica, proteger los equipos hidráulicos y conservar un cuerpo de agua agradable, funcional y más fácil de mantener.

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