El agua verde persistente, las capas filamentosas, la espuma superficial o las alertas sanitarias relacionadas con las cianobacterias no son un problema de apariencia. Son indicadores de un mal funcionamiento biológico y fisicoquímico del cuerpo de agua.
Para los gestores, estos fenómenos acarrean consecuencias inmediatas y medibles:
- restricción de actividades náuticas
- obstrucción de sistemas hidráulicos para agricultores y estaciones de esquí,
- degradación del atractivo del sitio
El control de las algas y las cianobacterias es, por tanto, un desafío sanitario, regulatorio y económico, que requiere algo más que una respuesta puntual o curativa.
