Su sistema de riego está perdiendo rendimiento, aunque no se haya modificado ningún componente mecánico. Estos síntomas afectan directamente al funcionamiento diario de su explotación:
- Obstrucción crónica: los goteros y las boquillas se obstruyen con frecuencia, lo que provoca zonas de estrés hídrico y una heterogeneidad en los cultivos. La limpieza con ácido deja de ser eficaz.
- Saturación del sistema de filtración: sus filtros de arena, tamices o discos se saturan rápidamente. Los ciclos de retrolavado se multiplican, lo que supone un desperdicio de agua y energía.
- Inestabilidad hidráulica: el caudal en el extremo de la línea disminuye. La bomba entra en cavitación (ruido de grava), se calienta o se apaga, lo que obliga a realizar intervenciones manuales.
- Deterioro de la calidad del agua: el agua está turbia, verde o llena de partículas. El nivel del estanque desciende más rápido de lo previsto (evaporación/transpiración).
